martes, 18 de abril de 2017

Mundos Paralelos V. Las orgías de mi Papá.



Se dice fácil, tal vez se lea fácil, pero para mí que lo viví en carne propia es todo lo contrario. Mucho se ha escrito y hablado sobre mí pero solo yo sé la verdad. Y una de las verdades más duras de mi vida, es haber tenido un padre, que primero fue amante de mi abuela, después de mi madre y por último… mi amante.
Uno de los sucesos más grotescos que aún conservo, entre tantos hechos por mi padre, sucedió durante la última noche de octubre de… perdonen mi memoria, pero fue tantos años que no tengo muy clara la fecha…
Esa noche, se invitó a importantes hombres a participar de un banquete, en donde hubo distintas comidas y bebidas. Luego de la cena, fueron recogidas las mesas y se procedió a la parte bailable. Me apasionaba tanto el arte y ese místico lenguaje corporal que traducía historias creadas por verdaderos talentos. Luego se pasó al ballet, en donde cierto número de candelabros fueron colocados en el suelo y entre ellos fueron esparcidas las castañas que las cortesanas desnudas tenían que coger con la boca mientras pasaban de manera sugerente por las velas.
Y fue ahí donde todo tomó un rumbo muy sorprende para mí.
Mi padre se puso de pie y gritó:
‒Qué comience la orgía.
Y todos los presentes se desnudamos y tuvieron sexo con las prostitutas contratadas por mi hermano. Mi padre, en un acto de generosidad ofreció premios de todo tipo. Para los menos potentes sexualmente, hubo también regalos: dobletes de seda, pares de zapatos, sombreros y otras prendas de vestir.
Los criados por su parte, llevaban la cuenta de la cantidad de orgasmos de cada invitado, ya que mi padre premiaría con joyas y ropajes lujosos a los 3 hombres que hubieran eyaculado un mayor número de veces.
No puedo negar, que me calenté hasta un punto tal, que le pedí a mi hermano que me acompañara a mis aposentos.
‒Lucrecia, tu corazón late muy acelerado.
‒Vamos Cesar, no disimules más, sé lo que sientes por mí y quiero desahogar este fuego que me quema por dentro. Vamos, apúrate que no te invité para que me vieras masturbar.
Dicho esto, mi hermano se abalanzó sobre mí y nos fundimos en uno de los momentos sexuales más apasionados que recuerdo en toda mi vida. Y miren que tuve muchos.

‒ ¡Qué lastima! Hoy no se viven esas orgías en el Vaticano… Bueno, quién sabe.

lunes, 17 de abril de 2017

Mundos Paralelos IV. Tu más fiel adicción.



Desperté sobresaltado. No podía creer lo que acababa de vivir. Él estaba ahí, sentado frente a mí. Hablaba en un tono muy pausado, así como lo hacía mientras nos contaba aquellas historias que aún no escribía…

***

—A comienzos de agosto de 1966, acompañé a mi esposa a la oficina de correos porque quería mandar a Buenos Aires el manuscrito terminado de esta novela ― me dijo mientras me entregaba un ejemplar del libro que me parecía muy familiar y que amablemente me había autografiado ―. Me recuerdo que el paquete contenía cuatrocientas noventa páginas mecanografiadas y no me imagino la cara que puse, pero cuando el empleado de la estafeta me anunció: «Son Ochenta y dos pesos»,  miré a mi esposa y la vi buscar en su monedero. Su rostro debió ser un espejo que reflejaba al mío. Solo teníamos cincuenta pesos, así que indiqué al empleado que fuese quitando hojas, como si se tratara de lonjas de jamón, hasta que los $50 pesos cubrieran el envío. Regresamos a la casa y empeñamos la estufa, el secador y la licuadora y con lo que recaudamos fuimos de nuevo a la oficina de correos y enviamos el segundo bloque. Al salir, mi esposa se detuvo y se volvió hacia mí: «Oye…, ahora lo único que nos falta es que la novela sea mala».

***

Sonreí mientras acariciaba el libro que reposaba abierto sobre mi abdomen. "Cien Años de soledad". Era la cuarta vez que lo leía. Fue el primer libro que me había regalado mi padre cuando apenas tenía yo 10 años y que aún conservo como un gran tesoro. Leí una vez más la dedicatoria que me había escrito: "Para mi hijo. Ojalá y la lectura sea en un futuro, tu más fiel adicción". Tu papá". 
Lo cerré y volví a sonreír. Ahora pensaba en Gabo y en la anécdota que acababa de contarme en mi sueño. De inmediato me vino a la mente una frase suya que había leído hace algún tiempo. «En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces

Sin dudas que se refería a Mercedes.
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